miércoles, 25 de mayo de 2011

Click IV





*El Caos, el Infinito y el Cálculo*

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miércoles, 9 de febrero de 2011

Fragmentos Entrerrianos II




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6/1
Ayer por la noche un bote quedó amarrado en el río. Apenas se movía, acentuando la inmovilidad de todo el cuadro. El agua del río, por la noche, es una oscuridad compacta, apretada, presionada por las estrellas que se reparten, quietísimas, por el lienzo oscuro, sólo a veces tajeado por la rápida luz de una luciérnaga.
No sé desde dónde percibir este paisaje, que me resulta tan irreal: la arena tan suave, el compuesto orilla-bote-cielo-estrellas en esa parálisis que lo trasforma en un cuadro, sin embargo, en extremo realista.
Decido levantarme de la arena para asimilar el cuadro, incorporarme a él, y romper esa quietud que me distancia. Atravieso la pintura metiendo las patas en el río, mirando las aureolas negras que se dispersan hasta el bote amarrado. Voy hacia él y lo muevo, como si mi mano pudiera despertar y animar los objetos, para darles vida.


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miércoles, 2 de febrero de 2011

Fragmentos Entrerrianos




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13/1
Nos tomamos una combi a la terminal para volver ya a Buenos Aires. La lámina negra del vidrio polarizado de la combi tiene una rasgadura con forma de paloma, pájaro o mariposa, con las alas desplegadas. Veo la realidad del paisaje del que nos alejamos por esa abertura: los cultivos y los countries, el río y los puentes, el camino de ripio y el polvo que nos deja la moto que va adelante. Por el ojo de ese ave se fugan las caminatas al sol de la tarde por la ciudad, se va un ritmo y una respiración lenta, acompasada por los puentes vacíos y los perros de la noche. El vuelo estático de la figura en el vidrio recorta las imágenes y las pliega en mi cuerpo. El año pasado, mientras nos íbamos de Reta en el micro con Celeste, en plena tormenta, imaginamos la destrucción del paisaje como un realismo mágico berreta; este año ninguno habla, y nos limitamos a la observación, tal vez porque estos pastos y estas aguas viven y mueren por sí solas, con toda la fuerza, más allá de nuestra imaginación, sin que tengamos la necesidad de fabularla y reconstruirla. A Reta la construimos nosotros, -creándole un entramado de sucesos y personajes íntimos al paisaje- para resignificarla a nuestro capricho, como si recién hubiera comenzado a nacer con nuestra presencia. Este año fracasaron todas las tentativas y sólo nos quedó transformarnos nosotros en personajes de una obra ajena, errando en una constante búsqueda de indicios, pero permitiéndonos descubrir la mirada en los ojos del río y las palmeras, los animales y los caminos negros de la noche. Hemos descubierto un paisaje y recorrido su nervio, sin insertarlo en ninguna estructura, sin marcos ni ficciones. El ojo del ave quieta me recuerda esta distancia entre la imaginación y la realidad: afuera las aves gritan sobre el puente; adentro mi mochila se incrusta en mis costillas, mientras miro por el rasguño de una lámina negra, camino a Buenos Aires.

12/1
Volvemos de estar en la playa con los chicos, en esta última noche. Ahora veo la sombra gigante de los pinos, mientras las chicas duermen, y los bichos de la luz me dan vueltas por la cara. Se me aparecen imágenes del viaje como elementos vivos, inescribibles, que todavía me cuesta asimilar. Sólo puedo señalar que estamos en el camping 5, parcela 513; que al lado tengo los puchos y el mate frío; que las agujas secas de los pinos forman un compacto amarronado y despeinado que cubre todo; que unos metros más allá está el río con esa calma intraducible; que el fondo de este bosque me parece un poco siniestro. Y que voy a dejar de escribir para ir a recorrerlo, de una vez por todas, en la oscuridad.

11/1
En el río a Celeste una serpiente le roza las costillas; a un sapo una hormiga le camina por el ojo; los lagartos dejan los restos de una paloma entre los árboles; dos hormigas rojas despedazan a una negra a lo Tupac Amaru; dos pájaros se picotean incansablemente en el aire; un carpincho devora los peces que saltan sobre el río, proyectando el sonido de un estornudo en el silencio de la orilla; otra serpiente se nos aleja corriendo sobre la arena, zigzagueando; peces nos pellizcan los tobillos; una mariposa gigante y multicolor muere atrapada en una telaraña, mientras nosotros miramos y señalamos.

10/1
Se fueron Dani y Rocío y quedamos Rebeca, Celeste y yo, acampando en un bosque de pinos y algunos eucaliptus. Tenemos a los caballos muy cerca y un camino que nos lleva a campo abierto. Varios de los paisajes hasta ahora me recordaron el viaje con Emi a Córdoba, hará unos seis años; pero lo que veo hoy recupera escenas de una memoria reciente que me emperro en resucitar. Me pregunto cómo deslavar aquellas imágenes para quitarles fuerza, tal como hice en Reta el año pasado. Con Celeste nos preguntamos a cada momento si todavía estamos en Reta, como si el recuerdo del año pasado tuviera que permanecer intacto, como si sólo realizáramos un viaje en toda nuestra vida y las diferencias fueran detalles superfluos. Poco falta para que los compañeros de todos mis viajes se hagan presentes ahora, trayendo ramas para el fuego de la noche. Porque esta noche, mientras las chicas están lejos haciendo compras, se me llena de fantasmas.


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lunes, 3 de enero de 2011

Recorrido Literario 2010.

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07.01.10. Hans Magnus Enzenberger, El perdedor radical: “Puede haber situaciones en las que el ser humano prefiera un final terrible a un terror –sea real o imaginario- sin fin”.

08.01.10. Juan Filloy, Aquende: “¡Los verdaderos náufragos son los que se salvan del desastre de la muerte viviendo una soledad superior a ella!

11.01.10. César Aira, Cómo me hice Monja / La Costurera y el Viento: “En mi vida ha habido poca aventura. Ninguna, de hecho. No recuerdo ninguna. Y no creo que sea casualidad, como cuando uno lo piensa y advierte con sorpresa que en lo que va del año no ha visto un solo enano”.

21.01.10. César Aira, El Sueño: “Muchas veces se ha dicho que el cristianismo es la adoración de una marioneta horrenda”.

02.02.10. Roberto Bolaño, Putas Asesinas: “¿Y tú te preguntarás qué es la historia secreta?, dijo mi amigo. Pues la historia secreta es aquella que jamás conoceremos, la que vivimos día a día, pensando que vivimos, pensando que lo tenemos todo controlado, pensando que lo que se nos pasa por alto no tiene importancia. ¡Pero todo tiene importancia, buey! Lo que pasa es que no nos damos cuenta”.

04.02.10. VV AA, Un grito de corazón: “Prefiero ser consciente orgánica de tal cosa a la ascéptica independiente libre pensadora destructora por omisión”.

10.02.10. Carlos Gamerro, La aventura de los bustos de Eva: “-Perdoname, Paddy, pero… ¿Me podés explicar qué hacés acá? –Me estoy prltrzndo- dijo entre dientes. -¿Qué?- gritó Marroné - ¿Te estás problematizando? –Proletarizando – escupió exasperado Paddy-. Me estoy haciendo proletario. –Pero por qué ¿tu familia cayó en la ruina? – No, no. Con ellos ya no me hablo. Es una decisión personal, entendés, un renunciamiento. Una opción por los pobres. -¿Te hiciste cura? – No. Peronista”.

27.02.10. Truman Capote, Otros ámbitos, otras voces: “Cuando volvió a mirar, la mula, colgada de una viga por las cuerdas que hacían de riendas, enrolladas alrededor del cuello, se balanceaba en el aire; sus ojos enormes como lámparas, encendidos por el fuego de la antorcha, estaban dorados como el rostro impasible de la muerte, la figura que había en el fuego”.

09.03.10. Ricardo Piglia, Respiración Artificial: “Empezó a identificar la patria con su vida, tentación que está latente en cualquiera que tenga más de 3000 hectáreas en la pampa húmeda”.

15.03.10. Sam Shepard, El gran sueño americano: “Dice que las noticias son todas mentiras y que la razón por las que son tan populares es porque se venden a sí mismas como verdad única, y la gente se las cree porque prefiere creer en una mentira”

21.03.10. Hanif Kureishi, Mi hermosa lavandería: “Lo que esta escoria necesita (y pisa el embrague, cambia de marcha y pisa el acelerador) es probar un poco de su propia mierda”.

30.03.10. Amélie Nothomb, Cosmética del enemigo: “No hay nada en el mundo más incomprensible que los rostros o, mejor dicho, algunos rostros: un conjunto de rasgos y de miradas que, de pronto, se convierte en la única realidad, el enigma más importante del universo, que uno contempla con sed y con hambre, como si un mensaje superior estuviera escrito en él”.

17.04.10. Pedro Almodóvar, Patty Diphusa: “¿Cómo es posible que un simple KILO de LANGOSTINOS me emocione tanto como a meril streep interpretar el personaje de una turca?”

26.04.10. María Negroni, La Anunciación: “Estoy cansada, Humboldt. Si me regalaras un compás, tal vez vería la muerte con todas sus luces, sus nichos vacíos. Treinta mil. Entonces suprimiría de una vez por todas Roma, y pondría sobre lo que vivimos, lo que olvidamos, lo que tal vez (quién sabe) estoy matando ahora, en este mismo instante, Humboldt, un enorme pliego blanco que lo purifique todo. Es muy largo volver. Es muy largo dar con la verdad de las cosas. No sé desde qué cuerpo te recuerdo. No puedo perdonar tu muerte, que yo misma inventé.”

VV AA, Los días que vivimos en peligro.

29.04.10. Italo Calvino, El barón rampante: “Se conocieron. El la conoció a ella y a sí mismo, porque en realidad no se había conocido nunca. Y ella lo conoció a él y a sí misma, porque aún habiéndose conocido siempre, nunca se había podido reconocer así”.

Martín Kohan, Ciencias Morales.

VV AA, Otras historias de amor.

03.05.10. Fabián Casas, Veteranos del pánico: “Han cambiado los tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un cross a la mandíbula. Así, un libro tras otro, y que los eunucos bufen”.

04.05.10. Mariano Blatt, El Pibe de Oro: “El Pibe de Oro dice que por cuatrocientos pesos me dice que me quiere. Yo le digo que está bien”.

05.05.10. Rodolfo Fogwill, Un guión para Artkino: “¡Camaradas de la Sociedad de Escritores manos a la obra! ¡A producir y producir para agigantar la obra del socialismo y vengar en la carne de los enemigos de la victoria todos y cada uno de los sufrimientos de nuestro padre y maestro el gran Jorge Luis Borges!”

07.05.10. Alejandro Jodorowsky, Las ansias carnívoras de la nada: “Es posible que vayamos a nacer o que estemos almacenados para que nos devoren… Lo uno o lo otro nos da igual siempre que algo pase, un acontecimiento que nos saque del pozo sin fondo de las palabras, que nos haga caer en la raíz violenta de la carne”.

11.05.10. Walter Lezcano, Partes de guerra – Una temporadita en TP: “La onda es intervenir. Tratar de contaminar algún espacio, por más pequeño que sea, para no sentir que mi destino lo escriben otras personas. De eso se trata escribir, de eso se trata la literatura. Y también la docencia”.

13.05.10. David Viñas, Las buenas costumbres: “Un buen dolor hace el amor más puro”.

15.05.10. César Aira, El Cerebro Musical: “Como una sacudida, como si despertara de un sueño, la Enana abrió las alas cuan largas eran, y de un solo clap se elevó varios metros; otro aleteo, y giraba, otro, y tomaba velocidad, y ya estaba volando, como un pterodáctilo”.

20.05.10. Washington Cucurto, El amor es mucho más que una novela de 500 páginas: “¡Rápido, alguien que salte al teclado y comience a escribir nuestras vidas que si se detiene la letra estamos muertos!”

21.05.10. Martín Rodriguez, Paniagua: “¿Sabés que tuve un sueño con vos? –Sí, ¿cómo fue? / Era igual que ahora. Pero duraba más. / Sin sombras. / Yo también tuve un sueño con vos –se anima a confesar. / ¿Y cómo es un sueño conmigo? / Tiene una velocidad centrífuga. Te abre en círculos / Y casi como si no existieras es soñar con vos”.

22.05.10. Roberto Bolaño, Una novelita lumpen: “Si fueras un automóvil, ¿qué marca te gustaría ser? Un Fiat de carne”.

29.05.10. Ioshua, Loma Hermosa: “Te lloraría bien piola, como un macho posta”

31.05.10. Martín Kohan, Los Cautivos: “Contar bien es como cagar bien. Ni muy blando ni muy espeso. Mejor de un tirón que tardando. Mejor sueltito que con trabajo”.

06.06.10. Amélie Nothomb, Biografía del Hambre: “Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo”.

15.06.10. Marco Denevi, Rosaura a las Diez: “La gente instruida es tan mala como la ignorante, sólo que con más argumentos”,

07.06.10. César Aira, Varamo: “Cada una en su ámbito, indirecto libre y dinero son la causa que fluye sobre o bajo las demás causas”.

21.06.10. Juana Bignozzi, Poesía reunida: “Si toda vida es referencia a nuestra vida/espero dejar una palabra/ que ampare a alguien/ en estas tardes inhóspitas de recuerdos”.

30.06.10. J.D. Salinger, Nueve Cuentos: “Siempre nos damos cuenta demasiado tarde, pero la diferencia más notable que existe entre la felicidad y la alegría es que la felicidad es un sólido y la alegría es un líquido”.

05.07.10. Roberto Arlt, El Juguete Rabioso: “Busco un poema que no encuentro, el poema de un cuerpo a quien la desesperación pobló súbitamente en su carne, de mil bocas grandiosas, de dos mil labios gritadores. A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos, pero yo estoy aquí solo, agarrado por mi tierra de miseria como con nueve pernos”.

13.07.10. Italo Calvino, El Vizconde Demediado: “Cada encuentro de dos seres en el mundo es un despedazarse”

15.07.10. Roberto Arlt, Los Siete Locos: “-¿Dónde vas? El se echó a cuestas el sobretodo; después inclinándose sobre la cama de la mujer, exclamó: -¿Sabés adónde voy? A un prostíbulo, a buscarme una sífilis-”

07.08.10. Leónidas Lamborghini, La experiencia de la vida: “Lo importante, les enseña ese critino, es sangrar lenguaje”. / “La pelotudez es un Sol que, como el Sol, mantiene con vida al mundo. ¿Quiere mayor pelotudo que al Astro Rey quemándose y quemándose para darnos vida? Astro Rey pelotudo”.

10.08.10. Marcelo Cohen, El sitio de Kelany: “Se sabe que no hay carnada como el amor, por más que sea un amor de horizonte angosto”.

13.08.10. Nathan Englander, Ministerio de Casos Especiales: “No tenés que cruzar ningún océano, no tenés que conquistar ningún país. Tenés que hacer una sola cosa: recuperar a tu hijo. ¿Querés vengarte? Entonces imitá a Juan Perón. Eclipsá tu némesis ficticia. No solo el cuerpo, Kadish. Recuperá a tu hijo con vida”.

14.08.10. Mario Bellatín, Damas chinas: “Luego de terminar de contar esa historia, la anciana de la corona le hizo al niño la confidencia de que nunca había podido tener hijos. Era la razón verdadera por la que le había molestado ser confundida con la virgen”

18.08.10. Fabián Casas, Los Lemmings y otros: “La primera noche Carlos se durmió pensando a quién le hacía acordar la cara del chico. Y se sonrió cuando descubrió que el pelirrojo era igual al muchacho que aparece dibujado en los alfajores Jorgito”.

27.08.10. Oliverio Coelho, Los Invertebrables: “Y una mujer comienza a amar a un hombre cuando intuye que podría haber parido a una criatura así de espeluznante”.

06.09.10. Jean Genet, Pompas Fúnebres: “(Hasta ahora he hablado de un muerto, es decir, de un dios o un objeto, pero, cuando estoy a punto de presentar al ser vivo, cuando estoy a punto de repetir sus palabras, de describir sus gestos, de oír de nuevo sus entonaciones, me entra el pánico, no porque tema no acordarme bien y traicionar a Jean, sino porque, por el contrario, estoy seguro de recordarlo con tal fidelidad que es posible que acuda a mi llamada. Si las cincuenta páginas anteriores son un discurso acerca de una estatua de hielo, al pie de un dios insensible, las líneas siguientes están destinadas a abrirle el pecho a ese dios, a esa estatua, para liberar a ese chiquillo de veinte años. Estas líneas son la llave que abre el sagrario y muestra, al fin, el pan, y los tres golpes que se dan en el teatro para anunciar que se va a levantar el telón son la misión apenas estilizada de los latidos de mi corazón antes de hacer que hable Jean.)”

07.09.10. Alejandro Zambra, Bonsái: “¿Qué sentido tiene estar con alguien si no te cambia la vida?”

08.09.10. César Aira, Mil Gotas: “China: el gran rompecabezas neuronal de la humanidad”

13.09.10. Italo Calvino, Las Ciudades invisibles: “Uno llega a un momento de la vida en que de la gente que ha conocido son más los muertos que los vivos. Y la mente se niega a aceptar otras fisonomías, otras expresiones: en todas las caras nuevas que encuentra, imprime los viejos calcos, para cada una encuentra la máscara que más se adapta”.

22.09.10. Ricardo Piglia, Blanco Nocturno: “Basta un brillo fugaz en la noche y un hombre se quiebra como si estuviera hecho de vidrio”.

27.09.10. Juan José Saer, Lugar: “Si el conocimiento tiene un límite, es porque los hombres, adonde quiera que vayamos, llevamos con nosotros ese límite. Es más: nosotros somos ese límite. Y si vamos a Marte o a la Luna, no cambiarán en nada, pero en nada, la extensión de nuestra ignorancia”.

13.10.10. Cristian Alarcón, Si me querés quereme Transa: “-Compadre, le voy a pedir un favor. –Claro, Teodoro, dígame nomás. –Que cuando venga usted, me traiga una revista. – Claro, cómo no. ¿Qué revista? – Cualquiera, compadre, nomás tiene que tener fotos de Luciana Salazar”.

30.10.10. C. E. Feiling, Los Cuatro Elementos, tres novelas y un bonus track: “-Este es un país inventado por escritores que hubieran querido ser militares. Pero la persistencia en el error cansa… Dios me libre de un gobierno que envía poetas a esclarecer crímenes e inspeccionar prisiones”.

10.11.10. Antonio Tabucchi, Los tres últimos días de Fernando Pessoa: “La vida es indescifrable, respondió Pessoa, nunca hay que creer, todo está oculto”.

15.11.10. Fabián Casas, Boedo: “Tratando de sepultar la narración de nuestros padres / se va la adolescencia”.

16.11.10. Leónidas Lamborghini, El Solicitante descolocado: “¡Y hagamos antorchas/ compañeros!/ gritó la mujer que iba al frente/ Y lo que esas antorchas/ alumbran alzándose en su luz/ “es la toma/ del poder”/ balbuceó el Buen Idiota/ “y también/ cuando metimos las patas el poder/ en las fuentes de la Gran Plaza”/ dijo mirando a los adictos”.

18.11.10. Alan Pauls, Historia del llanto: “Eso quisiera él, eso más que cualquier cosa en el mundo: que leer fuera lo único que ocupara todo el espacio del presente, que todas las cosas que suceden en el planeta en un mismo punto del tiempo fueran de algún modo tragadas al unísono por la acción de leer”.

Roberto Bolaño, 2666.

26.11.10. Alejo Carpentier, El recurso del método: “Mira: a Juana de Arco la quemaron de diecinueve años, porque si llega a tener treinta se hubiese acostado con el Rey de Francia, y habría conseguido lo mismo que consiguió, negociando con los ingleses, sin morir en la hoguera…”

04.12.10. VV. AA., Metáforas de la Argentina en veinte piezas teatrales: “¿Qué metáforas de la Argentina construye ese conjunto de escritos que llamamos dramaturgia nacional? ¿cuál es su dimensión social y política, si consideramos al teatro argentino como un acontecimiento político?”

16.12.10. María Negroni, La Anunciación: “ ¿Pero a qué cuerpo me refiero? No es lo mismo el cuerpo transformado en cuestión de estado, que el cuerpo al que se le aplica el adjetivo despampanante, que el cuerpo ignorante de sí mismo, que el cuerpo escrito que se volvió distancia, que el cuerpo ético, cívico, deportivo, piadoso, vencido, agitador, cínico, irritado, alegórico, furioso, que el cuerpo ya nada, cayendo silencioso al río.”

22.12.10. James Joyce, Los exiliados: “Preocuparse por el futuro es destruir la esperanza y el amor en el mundo.”

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martes, 14 de diciembre de 2010

La buena comunicación.

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Hoy estuve solo todo el día. De hecho, ni siquiera hablé con nadie.
Me fui a la plaza a leer un rato, sentado en uno de los banquitos verdes de plaza congreso, frente a la fuente. Cerré el libro cuando un nene de dos años se me acercó por detrás, intentando cruzar la reja que separa el parque de los caminos de piedritas naranjas. Se ubicó debajo de mi banco y fue armando puchitos de piedras, que dejaba sobre el banco, metiendo la mano entre las maderas verdes. De abajo me miraba, sonriéndose, en cuero y con las patas sucias, la cara llena de mocos. Cuando terminó de armar los piloncitos de piedras se subió al banco y comenzó a tirarlas, creo yo que a las palomas, que, mucho más rápidas que sus movimientos, volaban furiosas apenas el nene levantaba el brazo. De a poco fui agarrando piedritas y tirando con él, que me señalaba la dirección a la que tirar. Hablaba en su propio idioma mientras señalaba todo lo que lo rodeaba, como si me lo estuviera presentando, como si yo fuera el invitado que no conoce el mundo, al que hay que explicarle que existen las palomas y las piedras, y que son indisociables. Después bajó y dijo, sorprendido, las primeras palabras de mi día: “Miá to”, y me estiró la mano abierto que tenía un botoncito rojo. Estaba más que feliz con el descubrimiento, pero le duró sólo unos segundos. Al rato yo le dije: “mirá”, y le mostré una bandada de palomas que se nos acercaba a vuelo rasante y que casi nos despeinan. El estiró las manos como para tocarlas y yo pensé en lo divertido que es ver el cielo en movimiento, ya sea con las palomas, los aviones, las nubes, o los fuegos artificiales. Celeste, mi amiga, cuando era chica, estaba convencida de que había un día al año en que el cielo se llenaba de cosas: globos aerostáticos, suelta de palomas, helicópteros, zeppelines, barriletes, y que era como una fiesta nacional. Estuvo convencida de eso hasta mediando la adolescencia, y se preguntaba por qué nunca había podido verlo. Estaba segura de que iba a llegar un día en el que saliera al balcón y viera todo cielo manchado de colores y movimiento.
En el parque jugaba una señora con su pastor alemán, que tanta cara de buenos tienen, y el nene, siempre medido en sus emociones, se puso a observar la ida y vuelta del perro con el palo. Mis movimientos dejaron de atraerle, superados por la agilidad del perro, que después de mirar fijo a su dueña exigiéndole seguir con el juego, disparaba hacia donde ella arrojaba el palito. El perro saltó la reja y el nene alucinó con ese salto, abriendo la boca de sorpresa. Sé que quiso imitarlo y, muy trabajosamente, con los movimientos calculadísimos, con su cuerpito minúsculo, cruzó la reja nuevamente, entrando al parque, mojándose las patas sucias, y me dejó sentado en el banco verde, frente a la fuente, volviendo a retomar la lectura.


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martes, 7 de diciembre de 2010

Clases de Lengua y Literatura

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“Bueno, qué puedo decir, aprendí mucho más que el año pasado, aprendí conceptos, incluso hasta me gusta sacar frases de los personajes de las novelas. Me divertí mucho este año, mejor que el año pasado, usted me entiende, siempre tan buena onda usted, hay poca gente así, siéntase orgulloso de eso”.
“Sé que cuando alguien me pregunte qué es el Estado de Alienación, lo voy a poder explicar”.
“Ya termina este año en el cual viví muchas cosas. La escuela como siempre un bajón terrible, hasta que llegaron las clases de lengua con usted. La verdad, lejos, el mejor tema fue el existencialismo. Es impresionante cómo me sentí identificado con ese tema. Pero sobre todo fue el valor que le puso a cada clase. Así que siga igual, profe. Es un profesor genial y una excelente persona. Suerte en su vida y si está el año que viene me gustaría que usted me diera la medalla”.
“La verdad me gustaron mucho sus clases. Estuvo bueno cuando nos dijo que podíamos cambiar el mundo. Te re banco, loco”.
“A mí me gustan sus camisas (y esa chomba)”
“Me gustó este año encontrar un profesor en el cual se podía confiar, aprender y también leer cuentos entretenidos, entre otras cosas, en las cuales se destacaba el silencio cuando él narraba algo”
“Me gustaron textos que leía y las películas que vimos, además de que me pareció interesante la materia ya que no la entendía muy bien y gracias a sus enseñanzas pude comprenderla”
. Muy buenos los libros menos La vida es sueño, fue bastante difícil de leer. Pero como profesor muy bueno”
“Aprendí a ver las cosas desde otro punto de vista”
“Estuvo bueno mirar pelis. Me gusta usted”
“A mí me gustaba cuando nos leía textos, porque se quedaban todos en silencio y se podía escuchar e interpretar lo leído”
“Me llevé la materia, pero estuvo bueno”
“Me caía bien porque escuchaba a Lisandro Aristimuño. Pero me llevé la materia a diciembre”
“Me gustó el buen trato profesor-alumno. Creo que es fundamental la buena comunicación y este año se cumplió muy bien, es un aspecto que está bueno, y lo pongo a favor. Otro punto a favor es que nos dio el espacio para poder hablar sobre temas ajenos a la materia, y su buena predisposición para ayudarnos. Gracias!!”
“Lo que más me gustó y me pareció muy buen tema para analizar y evaluarlo o razonarlo entre todos, fue el existencialismo. Me gustó mucho ya que me sentí tocada con ciertas cosas en ello (la creación de los propios valores, hacerse responsable de uno, la angustia, etc) Además se notó que este tema le gusta mucho porque puso más énfasis, en los demás temas también, pero en este se notó más, en la explicación. Sinceramente no tengo ninguna crítica con su trabajo, me pareció muy diverso y, lo que nunca me había pasado en lengua, la clara relación entre los temas”.
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lunes, 6 de diciembre de 2010

El agua.

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Andando en bicicleta por Haedo me viene a la memoria una imagen desterrada hace años. 23, para ser más preciso.
Es la primera vez que viajo sin mis viejos, me voy con una cantidad inmensa de pibes que no conozco a Córdoba, de paseo. Lo recuerdo bien ese viaje: las habitaciones inmensas repletas de catres, la música atronadora que nos despertaba por la mañana (villancicos españoles), el lavado de dientes en el agua fría del río que pasaba por detrás del complejo, cuando nos perdimos yendo a una caída, extrañar demasiado a mis viejos, el paseo por Villa Carlos Paz, el chico que fue agujereado por un enjambre de avispas, las competencias tirando piedras, un murciélago muerto, la fiebre y el dolor de panza que me hizo dietar con membrillo durante días.
Lo que recordé andando en bicicleta volvió de a poco, como si hubiera comenzado espiando por el pliegue de un cortinado que fuera corriéndose poco a poco: hay una pared de concreto con manchas de verdín; adelante, un riacho en el que juegan varios nenes; en la orilla, enfrentando la pared y el río, yo estoy sentado, sucio y con calor, contra un árbol. No sé qué me habrá decidido a tirarme al agua. No el calor, seguramente, sino intentar imitar la alegría que veo en los chicos que nadan. Creo que antes de tirarme escucho alguna advertencia. Una vez dentro me doy cuenta de que no hago pie, ni creo que lo vaya a hacer hasta varios metros más abajo. Entonces me sumerjo y conquisto la imagen: al abrir los ojos debajo veo, por primera vez en la vida, el agua verde. Estoy, de repente, atravesando lo verde y mis ojos se asombran, como si estuviera dentro de una gelatina de manzana. El verde es brillante, por la luminosidad del día que se cuela a través del agua. Habré sentido lo que después uno puede pensar como el impacto de la belleza, pero sin pensarlo, sin ninguna predisposición ni ánimo enciclopedista, ni siquiera intentando recordarlo como foto de viaje. Era ese agua verde, por primera vez, la única realidad en la realidad pero fuera de ella. Las imágenes descubiertas a esa edad se asimilan tan rápido como dura el impacto; las ansias de conocer superponen y esconden, transforman y desdibujan. Tal vez por eso el recuerdo del agua verde se haya disimulado tan rápidamente. La única pregunta que me hago es: ¿por qué andando en bicicleta por Haedo, cerca de las vías del tren, atravesando una calle de tierra llena de chicos jugando, con Román guiándome, después de 23 años, esa imagen me sorprende, me trastorna el ánimo, me hace sentir un pibito de 9 años, medio solitario y sucio, de nuevo?

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Cara.

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De un tiempo a esta parte me tomé la nada sana costumbre de ir leyendo por la vereda. Siempre me digo: "un párrafo más, un párrafo más...", y así llego a casa, desde la salida del subte, cabizbajamente. La cuestión es que hace unos días, entre párrafo y párrafo, levanté la cabeza para no chocarme con el banquito del tipo que lustra zapatos en Avenida de Mayo, y mi mirada se cruzó con la de una chica que iba en sentido contrario. La reconocí de algún lugar, con su gesto, sus dientes. Pero ya era tarde para volver atrás -los pasos se fugan rápido cuando se quiere volver a casa- y además no hubiera sabido qué decirle. Intenté recuperar su imagen adecuándola a algún ambiente conocido, pero no hubo caso. Sólo podía verla llorando. Le cambié miles de escenarios detrás de su cara, pero en ninguna encajaba. La única imagen persistente era la de sus dientes sorbiendo un llanto exagerado. Tengo que confesar que todavía hoy estoy obsesionado por encontrarle lugar a esa cara desesperada. Se me aparece cada dos por tres, y cada vez es más fuerte la sensación de que la conocí en un momento traumático. Para ella, por lo menos, que tanto lloraba.

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martes, 31 de agosto de 2010

Click III




¿Qué será de la vida de Charli? ¿Seguirá en el exilio?

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martes, 20 de julio de 2010

La cajita feliz.


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El viernes voy al club Atlanta. Llego solo, no conozco a nadie. Doy unas vueltas por el club: paso por la barra del bar, paseo por las mesas en donde venden libros, muñecos, cuadros, fotos, hasta cajitas de fósforo decoradas. Lo inútil, que le dicen. Paseo un rato más, emponchado y esquivando las ráfagas de viento congelante que se cuelan por los vidrios rotos, debajo de las gradas de las tribunas. Cuando me detengo a mandar un mensaje, un tanto inmovilizado por las capas y capas de abrigo, un nene de unos 4 años se me para adelante, y me observa. Me mira serio, con una cajita feliz de Mc Donalds en las manos. Dejo el mensaje por la mitad y lo miro, un tanto intimidado. “¿Me cerrás la cajita?”, me pregunta. Tardo algunos segundos en reaccionar hasta que agarro la cajita e intento cerrarla. El nene me mira interesadísimo mientras yo le digo que es un sistema muy difícil, que no lo entiendo, y que además tengo el celular en la mano. Él no dice nada, sólo mira el movimiento de mis dedos manipulando las solapas de la caja. Como veo que le gusta verme con su cajita, me hago el que todavía no sé cerrarla, la doy vuelta varias veces, quedo como tonto y él se ríe. Cuando termino le digo que fue ardua la tarea, que pensé que no iba a poder hacerlo. Y como si su vida dependiera de eso, me mira un rato, bien fijo, y me tira un “graziaz”. Se va como llegó, pero dejándome con el celular colgando entre los dedos fríos.

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Refranes.

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Mi vieja y una amiga, en una reunión familiar, hablan sobre la salud de Cerati. Muy acongojadas tiran pronósticos, y se las arreglan como para que a uno le parezca que el cantante es parte de la familia. Todos escuchamos atentamente, alrededor de la mesa. “Parece que le pusieron un canción suya y le cayó una lágrima”, dice mi mamá. La amiga, que no puede estar más compenetrada en sus palabras, y que realmente siente la desazón, asiente afligida. Mi mamá intenta explicar: “Y claro, dicen que lo último que se pierde…”, “Es la esperanza”, completa la amiga, en yuxtaposición perfecta. “Mmmm, no –responde mi vieja- es el sentido auditivo…”
Frente a la carcajada general la amiga de mi vieja confiesa que siempre tuvo debilidad por los refranes populares.

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jueves, 24 de junio de 2010

Lo que vos no viste.

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Vos no viste al pescador serruchándole la espina al pescado. Tampoco las escamas saltando por el aire, hasta la arena. No viste al pescador terminar de arrancarle la cabeza a ese pescado, para tirarla en el latón lleno de moscas. Te habías ido en bicicleta. Yo vi la choza del pescador y la balanza sucia. Vi la boca gigante, semiabierta, del pescado, moviéndose apenas ante cada golpe de serrucho. No cerraba los ojos, el pescado, como expectante. Oí el crujido de la espina rota, y después el quiebre, mientras te veía ya de lejos, en la bicicleta.

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viernes, 11 de junio de 2010

En espera.

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Bajo a la estación Loria, línea A. Son las 6 y 10 de la mañana y voy encapuchado, con la cabeza baja, intentando sacarme el sueño y el frío con golpes fuertes de los zapatos. Apenas hago los primeros pasos por el andén me resuena una voz monótona, cansada, pero que no para. Me saco la capucha y veo, parado sobre la línea amarilla, a un policía de panza y bigote, con mucha cara de dormido, hablándole a tres obreros sentados en un banco, con mochilas y pantalones con manchones de cal. Los tres lo miran como sorprendidos, pero no emiten palabra. El policía les habla sobre las medidas de seguridad, como una azafata, moviendo los brazos para los costados, mostrando las salidas. Recita frases archigastadas sobre la inseguridad y las medidas a tomar, siempre en el mismo tono monocorde; parece que los mira, pero no ve a nadie. Detrás de los anteojos se le ven los ojos rojos de sueño, y pareciera que habla sólo para no dormirse. Estoy por seguir camino cuando lo escucho decir: “… como dice el Libro de las Verdades”, y me detengo porque pienso que va a hablar sobre algún manual de instrucción para policías, y eso puede divertirme. Pero continúa: “… dejad que los niños vengan a mí”. Ahora sí veo que los tres sentados se pispean de reojo. “Si ven niños durmiendo en las estaciones, denúncienlos, que estamos para cuidarlos”, concluye. Recita teléfonos, y pide que confiemos en las fuerzas de seguridad, que trabajan para la ciudadanía. Viene el subte, va entrando en la estación, y el policía no se mueve de la línea amarilla. El tren pita la bocina antes de rasparle la gorra negra. Y se escucha una puteada que se aleja rápida. Los tres oyentes se levantan y suben, despacio, como si no quisieran alterar el orden de la mirada del otro, que sigue con la vista fija en el banco; el policía sigue imperturbable en la misma posición, rígido, autómata, a la espera.
Yo miro por la ventana mientras el subte se aleja: está solo en el andén, sobre la línea amarilla, moviendo los brazos hacia las salidas.

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jueves, 13 de mayo de 2010

Oniria.

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Me subo a un barco viejo, descascarado, con manchas de moho en las paredes, los vidrios rotos. Hace mucho calor. Camino por los pasillos esperando encontrar alguien conocido; sé que hay gente que yo conozco, pero no sé quiénes todavía. Entro y salgo por compuertas rotosas, como si fuera un túnel del que de repente salgo para ver el paisaje por el que atravesamos. Y el paisaje es selvático, puedo ver la espesura verde a los costados, el agua amarronada; un conjunto que me suena amenazante. La gente va y viene enfundada en toallas, y aprovecha las duchas de la cubierta que cuelgan como ramilletes oxidados y chorrean agua constantemente. Me siento dentro de una película norteamericana, under, de los años setenta, recorriendo el Missisipi, bajo una amenaza latente, inidentificable todavía. Hay silencio, no escucho nada en casi todo el sueño.Todo está ralentado: el trayecto lento del barco y la espesura que apenas se mueve; la gente que camina; la gente que se ducha con movimientos mínimos; mi andar por los pasillos interminables. Al pasar una de las compuertas encuentro gente sentada en pequeños bancos de madera, envueltos en toallas, y la luz entra sucia por los ventanales, por los vidrios amarronados de mugre. Me siento con ellos hasta que tres chicas exigen al grupo volver a cubierta para bañarse en el río. Vamos todos y yo quedo segundo en la fila; adelante mío la chica se saca la toalla y queda en bikini, dispuesta al chapuzón en esas aguas que ahora veo demasiado marrones, como de pantano. Seguimos camino por unos pasillos estrechos, como si fueran puentes colgantes, que terminan lamidos por el río, como si desaparecieran. Ella pisa una de las primeras maderas de ese puente y el puente se hunde un tanto, haciendo brotar el agua marrón por debajo, entre las hendijas de las maderas. Como un bote que se hunde el puente va cayendo lento. Yo estoy segundo y ella va desapareciendo tragada por el río. Alguien grita. Y entonces veo cómo un cocodrilo muerde con su mandíbula a la chica que se está hundiendo. Me meto al agua e intento agarrarla, la tomo de un brazo, y tiro, pero la presión del otro lado es demasiado fuerte. Giro la cabeza y veo justo a mi lado el ojo de otro cocodrilo. Muy lento me muerde el otro brazo. Yo pienso que no puedo morirme, menos comido por un cocodrilo, que seguramente voy a salvarme. Sería demasiado ridículo, eso pienso. Suelto a la mujer e intento zafarme, pero veo varios cocodrilos que se acercan lentos hacia mí. Ahora me muero, pienso. Me van a comer. Y de repente me tiran para abajo. Y todo sigue siendo lento, sin miedos, inevitable.

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lunes, 3 de mayo de 2010

La Checha dice:

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Checha dice:
CEMENTERIO DE ANIMALES
cuando uno vuelve con los ex es asi...posta...parece tu novio, se ve igual..pero es malo y quiere comerte el cerebro

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sábado, 1 de mayo de 2010

Celular de Celeste.

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SMS
"Qué rica es la cerveza negra, me recuerda a la malta que tomaba cuando las amamantaba... Por eso salieron tan lindas, tan inteligentes y con tan buena dentadura!! Bye!"

De: mamá
Fecha: 30/04/10
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domingo, 25 de abril de 2010

Escena.

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La escena, de tan trivial, desaparece en el mismo instante en que la veo. Tardo un tiempo en recuperarla, mientras subo al tren: desde abajo del andén, cerca del puesto de hamburguesas, el Polaco, el loquito de la estación que putea y grita agitando brazos y piernas, se detiene un momento, paralizando su euforia, para devolverle la mirada a la nena que, asustada, lo observa desde arriba. El la mira fijo, a la nena, quieto, muy quieto, mientras saca una moneda de su vaso de plástico y se la ofrece, estirándole la mano, sin sacarle nunca la vista de los ojos. La nena se asusta y llora, corre a meterse entre las tetas de la madre, que no entiende nada, y el Polaco, mientras vuelve a poner la moneda en el vaso, se vuelve a la boletería, gritando y golpeando los pies contra el suelo.

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martes, 13 de abril de 2010

Ultima entrada a Reta


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Alquilo una bicicleta y me voy para el sur. Una California Beach Commander violeta, livianísima. Lo tengo planeado desde el principio, desde que del micro pude ver esos campos de girasoles y esas arboledas tan desordenadas. En realidad lo tengo planeado desde mucho antes, ese perderme solo, por el campo. Una tarde, hace muchos años, en Buenos Aires, un amigo me mostró fotos de sus vacaciones y de una caminata acalorada por la llanura, y lo envidié. “Un calvario”, recuerdo que me dijo. Entonces llegué acá con esa idea fija: calor, transpiración y pasto. Lo único que tuvieron que decirme para que me convenciera de venir a Reta fue eso: “playa, y del otro lado, todo campo”. Ahora lo compruebo y noto que el paisaje pareciera que fue cortado a cuchillo: hacia un lado se extienden los médanos y el mar verde; hacia el otro un campo extenso y mudo. Enfilo entonces hacia allá con mi Beach Commander, camino a Copetones.
Me gustaría saber el nombre de los árboles, pero sólo reconozco a los álamos y eucaliptos. Voy por caminos de tierra hasta la salida de Reta, pero a partir de ahí el camino de ripio es imposible, un serrucho interminable me bate los sesos. Tomo entonces un camino que sale en diagonal a la ruta, cruzando campos bajos, sin sombras. Sigo derecho hacia no sé dónde, pero hacia el sur, estoy seguro. Después de un tiempo ya no veo nada en el horizonte: ya llegué, pienso.
Sigo pedaleando muchos, pero muchísimos minutos más y me detengo: ¿Sigo?
Sí, claro que sigo, por lo menos hasta que ese verde, silencio y tranquera me inmoviliza. Y me inmovilizo porque comienzo a sentir cierta intensidad, casi como si el camino fuera un nervio expuesto que en cualquier momento puede cortarse como un resorte. Tal vez hace mucho calor, y tanto silencio me perturba, porque me doy de cuenta que no se escucha nada, ni agitación de los pastos ni pájaros, lo más extraño. Me siento unos minutos en el camino, extrañado ante tanta estabilidad. Estoy dentro de una fotografía, pienso. No hay viento, carajo, y alguna que otra ave corta el cielo, muda. Decido seguir un poco más, así que me vuelvo a calzar la mochila y sigo pedaleando, sin rumbo. Sigo sin ver nada ni lejos ni cerca.
Giro entonces en un camino que se abre, minúsculo, bordeado de tranquera vieja. Pedaleo con fuerza entre pastos amarillos y me detengo nuevamente. A mi costado cuatro lechuzas, cada una parada en un palo de tranquera diferente comienzan a gritarme. Con sus cabezas vueltas hacia mí no cejan en el grito y aumentan a cada segundo el volumen. Veo que se acercan teros, corriendo desde no sé dónde y se unen a la gritería de las lechuzas.
No entiendo nada. De un minuto a otro todo vive -como un engranaje que recomienza su movimiento- y siento como si hubiera cruzado un espacio vedado, y me lo tuvieran que hacer ver. Entonces llega la amonestación del viento, que comienza a sonar violento junto a un cielo que se tapa de nubes. Huyo, para apartar el sortilegio. Pedaleo fuerte contra el viento, intentando reestablecer el equilibrio. Me persiguen los gritos ya débiles de los teros y las lechuzas, casi como si fuera una puteada que te rajan a lo lejos. Después de uno minutos, mientras la tranquera va desapareciendo de mi vista, el viento se calma, como si ya hubiera cumplido con su deber.
Comienzo a modelar pensamientos grandilocuentes: mierda, pienso, llegué, si no al corazón, al costillar de la naturaleza, a ese lugar que se esconde entre los repliegues del paisaje para pasar inadvertido, y para que nadie se detenga a indagar.
De vuelta a Reta evito los caminos que se abren de mi senda, dudosos. Al llegar al pueblo la gente me saluda, y todavía me pregunto con quién me confunden. Paso la gruta de los ahogados, el hotel viejo y la plaza tapada de hojas secas hasta llegar, por fin, al camping que cercan los médanos naranjas de esta hora de la tarde. Las chicas duermen siesta y me pongo a quemar unas ramitas para el agua del mate.

“Pasaste cerca de un nido”, me dice Rosaura, horas más tarde, lapidaria.

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sábado, 20 de marzo de 2010

SMS

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Qué mal canta Madonna! Qué injusto es el mundo!
De: Cele
Recibido: Jue 04/03/10

En un banco del andén dice: Patineta o muerte!!!
De: Cele
Recibido: Sab 27/02/10

Bienvenido a la tierra de Macri!
De: Alex
Recibido: Lun 08/02/10

En navidad todas las treintañeras con rulos se los embadurnan con crema de enjuague y entran sosteniendo una fuente con ensalada rusa
De: Mariano
Recibido: Vie 25/12/09

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viernes, 12 de febrero de 2010

1992, Puerto Piramide.


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Con la mudanza aparecen cosas inexplicables. Entre ellas una libretita ACME, de 40 hojas. Después de varias hojas escritas por mi prima, leo:

“Hoy es 13/11/92 y acabo de pasar la semana más feliz de mi vida.
La semana pasada fui con mis compañeros de colegio a Península Valdéz, Chubut, y desde el vamos estuvo perfecto.
El viaje de ida fue buenísimo, nos divertimos como nunca, Gonzalo llevó su guitarra y nos la pasamos cantando. Después nos pasaron una película “FX 2”, pero casi en el final me fui atrás con los chicos, porque estaba con María Noel y Mariela adelante, y Melgarejo estuvo payando.
Paramos en un restaurante casi a la 1 de la tarde y comimos, yo me quedé con Eduardo. Después a la noche volvimos a parar y María Noel me pagó un café, el restaurante se llamaba “El Cholo” y tenía una pantalla gigante donde pasaban “Grande Pá”. Estuvimos esperando como dos horas porque el micro se había roto. Nos quedamos sentados en el borde de la salida del restaurant, después fuimos a una calle que estaban haciendo.
Mariela me contaba cómo se veía con lentes de contacto.
Habremos dormido unas tres horas y nos despertamos, estuvimos jodiendo, y llegamos a Puerto Pirámide, era un paraíso, bajábamos por la ruta como en un pendiente y había una confusión de sierras y mar, era increíble.
Bajamos, buscamos lugar y ya nos desesperábamos por ir al mar. Habremos llegado a eso de las 11, y el Negro nos dijo que bajáramos y armemos las carpas. Teníamos planeado armar carpa con Cristian Benítez, Pablo Roel, Juan Pablo Moure, Pablo Letiz, Oscar Amoza y yo, pero estaba también Caride y no sabíamos qué hacer, entonces cuando vimos que no entrábamos Pablo, Juan Pablo y Oscar armaron otra carpa cerca nuestro, y nuestra carpa quedó con Pablo Roel, Cristian, Eduardo y yo.
La carpa la armamos boca abajo y todos nos cargaban.
Fue difícil armar la carpa porque estábamos boca abajo en un médano, por lo tanto abundaba arena y no podíamos clavar las estacas.
El lugar fue el más hermoso que conocí en mi vida, había como una bahía, después los médanos, arena y otros médanos.
(Croquis del lugar).
El paisaje era algo increíble.
Mariano nos dijo que había visto como ocho ballenas.
Con el Negro vi las primeras dos ballenas de mi vida.
Con Gonzalo y Marianito fuimos hasta la pirámide.
Me empecé a hacer muy amigo de Pablo, hacíamos todo juntos.
En la primera noche nos encontramos con la primera anécdota. Habíamos salido con los chicos a recorrer el lugar, éramos un montón. Habíamos llegado casi a los baños, pasamos por el restaurant y llegamos a prefectura; allí había un hombre y nosotros lo enfocamos con las linternas, entonces vino corriendo y nos hizo parar a todos y nos dijo:
- ¿Qué hacen a esta hora iluminando a la gente?
Nosotros no le contestamos y nos dijo:
- Acá la gente viene a descansar, y ustedes están molestándolos.
Y así siguió, entonces saltó Carolina Torrilla y le dijo:
- Escúcheme, Señor, nosotros no hicimos nada, sólo queríamos saber quién era.
- Bueno, pero es una falta de respeto.
Y Caro le dijo:
- No señor, no hicimos nada.
Entonces el tipo le dijo:
- ¿Me está enfrentando?
Y ella le dijo que no, entonces el tipo le pidió los documentos y ella le dijo que los tenía en el campamento, entonces el tipo le dijo:
- Queda detenida, y prosigo a leerle los derechos.
Entonces le sacó la linterna a Juampi y empezó a leer.
- Averiguación de antecedentes, derecho a quedar callada.
La alumbró y le dijo:
- ¿Sigo, sigo?
Y ella le contesto:
- Sí, por mí, siga.
Entonces Pablo saltó y lo convenció. Todos medio que nos asustamos: ¡menos ella!”

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El Juego.


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Jueves 21/01

Unos chicos juegan cerca, en el médano. Los tres más grandes trazan una línea en la arena y hacen formar a los más chicos en fila detrás de la valla. Suena atronadora la voz de la rubiecita más grande: "¡Los que están del otro lado no pueden entrar al boliche!" Los más chiquitos intentan convencer, argumentan que alguien los invitó, alguien que se esconde detrás de los médanos. Ella manda a uno a averiguar -no vaya a ser cosa que la engañen- y le pide a otro que la ayude con la seguridad, no vaya a ser que se le amotinen. Después de un rato los cuatro grandes desaparecen, y los tres chiquitos quedan solos sentados detrás de la línea. "Miren por dónde entran" dice uno rubiecito de no más de cuatro años. La nena se aburrió, y ahora juega a taparse las piernas con arena.
Salen los grandes de detrás del tamarisco, se abrazan en línea horizontal, como frente a un público. A la cuenta de tres se agachan y aplauden. Los chiquitos los miran sin reacción.

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sábado, 6 de febrero de 2010

La Noche.




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Martes 19.01

Me asombra que Reta me recuerde a las postales mentales que me traje el año pasado de Santa Teresa, Uruguay: el camino angosto y blanco hasta la playa, la arboleda que lo sigue, los médanos desparramándose a los costados. Antes de venir desarchivé aquellas postales, como para ponerme un límite: imposible que cualquier otra playa se le pareciera. Casi como recordar un primer enamoramiento, para imponerlo sobre la cara de los otros. Acá me encuentro, entonces, sobreimprimiendo imágenes, hasta que posiblemente las confunda, en el futuro. Nada es sagrado, y el aura de los paisajes nunca termina de completarse, son abertura y continuidad, por más que intentemos remarcarlas con los lápices que diseñan los recuerdos.
Ahora estoy ansioso por recorrer este camino hacia la playa por la noche. Sólo faltaría la luna llena (estamos en cuarto menguante, imposible) para que la imagen definitiva de Santa Teresa termine de fundirse. Bueno sería quebrar esos límites, como para no quedarse vagando por una sola playa.


Miércoles 20.01

Como calmó el viento nos quedamos hasta el anochecer en la playa. Ya esperaba ansioso porque comience a irse la última luz. Las estrellas comenzaron a puntuarlo todo, hasta parecer derretirse en un blanco continuo. Bailamos solos, los tres, hasta que los contornos se nos fundieron de repente, apagándonos. Volvimos por el camino blanco (pasan unos chicos que me invitan a un fogón, ahora, pero me niego). Volvimos por el camino blanco, entonces, y lo que esperaba ver me desilusiona. Porque lo blanco sólo puedo intuirlo: la luna no brilla, apenas es reborde fijo, débil; la arena tapa parte del camino. El resto parece como una remake deslavada, mucho más económica.
Sin embargo, las estrellas. Desacralizar por diferencia, no por superposición o semejanza. Siempre hay un elemento que con su diferencia modifica la valoración de otro, subiendo o bajándolo de nivel, hasta hacerlo parte del continuo de esos recuerdos-signo que nos escalonan –o jerarquizan- la experiencia.
Las estrellas y la risa, también, al ver a las chicas bailar como Michael Jackson, imitándole la caminata lunar en los médanos.
Valor actual: la letra de una canción de Luis Miguel, cantada por Rosaura, llega a fascinarme: me conmueve que no sea retorcida; habla. Luis Miguel cantado a la Rosaura puede sonar como un cover de los peores –mh, no sé- pero sin embargo es en esa diferencia en la que por primera vez escucho.

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miércoles, 27 de enero de 2010

Las Vacaciones.



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Todo puede comenzar cuando, tirados sobre el pasto y mirando la copa de los árboles, imaginamos la cara abigotada de algún personaje del pueblo. A partir de ese momento comienza una lógica, propia, de acontecimientos que nos vertebran los días. Sin tiempo, pero con todos los minutos de nuestro lado, la realidad se expande; todo, entonces, en el pueblo, se transforma en un complejo dispositivo de control: desde los bigotes volantes hasta el perro Charlie 4, que podría comerse un sumario por acompañarnos por las calles que no alcanzan los radares. Vigilancia a los treintañeros, decimos, que parecieron desaparecer, dejándonos entre el griterío adolescente y los berridos de bebé. Porque algo pasa en el pueblo de Reta, que los setenta y ochenta y picos se le niegan. Intentamos imaginar ese trasfondo, que nos lleva a los sótanos de esa casa enterrada entre los médanos (ver foto allá al costado), en la que los principales del pueblo cocinan la Metanfetarretina, que anula la percepción del otro-igual.
Así convertimos la estadía en una ficción especulativa, torciendo los sucesos, encontrando señas, códigos comunes. Podría decirse que cada viaje está atravesado por una sola historia que nos ayuda a contenerlo, para transformarlo en aventura. (Ahora se me vienen a la cabeza otros viajes e historias: el Jason Apoltronado en las Rutas de Sur; El Borracho que Da la Hora; Los Monstruos Bebé de Yavi.)
Y de repente, una noche, llega un citroen blanco destartalado, del que sale un circo ambulante: Los Parcas, dice el folleto que nos entregan. Una falla en el sistema de vigilancia, pensamos, y miramos el espectáculo más como un acto de resistencia que por diversión.
Ahora somos cuatro (Celeste, Nicolás, Joaquín, Hernán) mas el perro Charlie 4 al que le pesa la expulsión de la comunidad por haber seguido a quienes le regalaron un chorizo.
Somos cuatro y la estructura de nuestra historia crece exponencialmente; ya es casi como un Código Da Vinci retense: ni siquiera la ondulación de los médanos es azarosa, todo pasa a contenerse en nuestro esquema.
De repente, la seña esperada: entramos en un almacén cerca de la una de la madrugada, y un pibe de nuestra edad (¡Oh, sí!) nos invita, casi en un susurro, como con miedo a pifiarla, a un recital. Aceptamos, qué duda cabe, aunque con ciertas reticencias por la cara de nabo del almacenero.
Hacia allá vamos, cual legión extranjera atravesando territorio hostil, carcajeándole a la paranoia de mentiritas. Y ahí están, nuestros otros-iguales, en un reducto ruidoso y sofocante, como siempre. Parecería que respiramos aire fresco.
Algunas personas me saludan, me preguntan cómo estoy tanto tiempo, y yo me pregunto quién seré acá. Durante un ratito nomás, después bailo.
Nuestra ficción, ahora, es una épica silenciosa, que necesita memoria. Por eso legamos la cola de zorra -insignia- y nuestra historia.
Pueden pensar que somos cuatro pelotudos, pero eso qué nos importa.
Con Celeste nos despedimos del pueblo mientras cae granizo sobre los médanos -esto fue posta, eh- mientras el sol se queda bien pegadito allá arriba. Nos subimos al micro, y como en una platea preferencial, vemos el caos de la tormenta: rayos que se funden detrás de los caballos, vientos que agitan los girasoles hasta quebrarlos, el vapor exhalado por el camino.
Tenemos, de repente, la última imágen de nuestra historia: el pueblo, mientras nos alejamos , junto a nuestra historia, desaparece, bien a lo Macondo.
Nos dormimos.

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jueves, 31 de diciembre de 2009

Recorrido Literario 2009.

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29.01.09. Nadie nada nunca, Juan José Saer. ("La noche es negra, uniforme, pero no es otra cosa que el día que sigue, la misma luz que se vuelve negra en virtud justamente de su continuidad.")

03.02.09. Bullet Park. John Cheever. ("La vida es un peligro. ¿Por qué los norteamericanos quieren ser inmortales?")

05.02.09. Literatura y otros cuentos. Martín Rejtman. ("Esa mujer no tiene cara de hija.")

19.02.09. El sueño de Ursula. María Negroni. ("Cuando la imaginamos rota acaso nuestra vida empieza a vivir.")

04.03.09. Trans-Atlántico. Witold Gombrowicz. ("No quiero aquí Literatos; lo único que hacen es chupar plata y ladrar después. Vete a Río de Janeiro, te lo aconsejo por tu bien.")

11.03.09. En la cárcel de Falconer. John Cheever. ("Dadme los acordes, los ríos profundos, la estática profundidad de la nostalgia, el amor y la muerte.")

15.03.09. Brevario de la podedumbre. E. M. Cioran. ("Cada ser es un himno destruido.")

23.03.09. El Río sin orilla, Juan José Saer. ("Los grandes propietarios de la patagonia pagaban una libra esterlina por cada oreja de indio que se les traía".)

08.04.09. La noche. Juan García Ponce. ("Pienso que es extraño que jamás descubramos el sentido de nuestros actos, y sin embargo, en una forma u otra, siempre seamos responsables de ellos.")

12.04.09. En la zona, Juan José Saer. ("Y era una idea simple: para poder contar siempre con alguien, es necesario no recurrir a él. Nunca.")

13.04.09. Concierto de Jazz. Jorge Accame. ("Yo te decía que sí, que algún día escribiría todo lo que me dijeras, pero en el fondo siempre supe que sólo podría hablar de tu mirada.")

22.04.09. El Frasquito y otros relatos. Luis Guzmán. ("Estoy partido por la mitad.")

16.05.09. La obra de teatro fuera de contexto. Scolnicov, Holland. ("El teatro palideció ante el poder de la historia.")

24.05.09. Un pintor de hoy. John Berger. ("Toda imaginación empieza por el miedo." "Todos tenemos que decidir solos. Todos tenemos que escoger algo que nos parece inconcebible."

01.06.09. El Limonero Real. Juan José Saer. ("El árbol sobrepasa mucho en altura a Wenceslao y vivirá más que él.")

15.06.09. El Niño Pez. Lucía Puenzo. ("-¿Vas a nadar conmigo? -Hasta el fondo- dijo la Guayi.")

15.06.09. La Inocencia. Felipe Polleri. ("Qué valiente es protestar contra el aborto y la eutanasia. Hubieran protestado contra la dictadura.")

17.06.09. La maldición de Jacinta Pichimahuida. Lucía Puenzo. ("Pepino no cree en las casualidades. Cree en la estructura dramática.")

07.07.09. Mitre. Federico Jeanmarie. ("-Me muero. -Es por la colitis. -Ah.")

16.07.09. Ejercicios de admiración y otros textos. E.M. Cioran. ("Todo verdadero escritor es un destructor que aumenta la existencia, que la enriquece minándola.")

24.07.09. Adios a la calle. Claudio Zeiger. ("Lo que no está presente irremediablemente pierde fuerza, pierde intensidad. Nos emociona y sacude hasta que nos damos cuenta de que es porque en cierta medida, nos obligamos a la emoción y la intesidad.")

31.07.09. Rutas Argentina. Carlos Bernatek. ("-Va a andar bien la soja- dijo Toni. -¿Bien?- repuso Garnier sin mirarlo- ¿Para quién? Mirá que a vos y a mí no nos van a dar un mango ¿eh?")

06.08.09. Drácula. Bram Stoker. ("¡Ah, los hombres y las mujeres somos como cuerdas tensas, cuando los sentimientos tiran de nosotros en distintos sentidos!")

12.08.09. Ultima poesía Argentina. ("¿Maradona es el anticristo?")

15.08.09. La recuperación de la historia. Norberto Wilner.

26.08.09. La Condición Humana. Hannah Arendt. ("La acción, hasta donde se compromete en establecer y preservar los cuerpos políticos, crea la condición para el recuerdo, esto es, para la historia.")

07.09.09. Escuadron Guillotina. Guillermo Arriaga. ("Feliciano estaba teniendo un romance con la Historia y él ni cuenta se había dado. Ahhh, la Historia...")

15.09.09. La trampa sagrada. Alejandro Jodorowsky. ("En México es muy fácil determinar a qué clase social pertenece un hombre con sólo mirar su físico. Castaneda tiene un aspecto de garzón de restaurant.")

Gran ensayo sobre Baudelaire. Felipe Polleri.

Puerca Tierra. John Berger.

14. 10. 09. Radar en la tormenta. Alfredo Veiravé. ("Cuidado con la sintaxis regular.")

22.10.09. El Estereoscopio de los solitarios. J.R. Wilcock. ("La soledad engendra dioses.")

02.11.09. Cuentos Completos. Flannery O´Connor. ("Julián podía sentir la rabia de la negra por no tener un arma como la sonrisa de su madre.")

13.11.09. Primer amor, últimos ritos. Ian McEwan. ("La dimensionalidad está en función de la conciencia- pensé.")

12.11.09. Los ensayos de Orobon. Fernando Butazzoni. ("Entre la razón y lo bestial puja el hombre a través de la palabra."

26.11.09. Los Hombres de a caballo. David Viñas. ("Mi hijo: ahí lo tienen; devórenlo.")

11.12.09. Amor a Roma. C.E. Feiling. ("¡Asno! ¿Amas a una mujer?")

20.12.09. Las Primas. Aurora Venturini. ("Una noche de reunión de familia en la que no nos permitían estar por falta de modales especialmente durante las comidas, mi hermana gritó con voz de trombón: mamá, me sangrea la cotorra.")

22.12.09. Bolivia. Gonzalo Beladrich. ("Si habilitaran un libro de quejas en los viajes me lamentaría por lo difícil que es encariñarse con los compañeros de ruta.")

25.12.09. Prisión Perpetua. Ricardo Piglia. ("No hay nada más bello y perturbador que una idea fija. Inmóvil, detenida, un eje, un polo magnético, un campo de fuerzas psíquico que atrae y devora todo lo que encuentra. ¿Ha visto alguna vez una luz imantada? Se traga todos los insectos que se le acercan, los trata como si fueran de fierro. Todos hablan de obsesiones, dice Steve, nadie las explica tal cual son. La obsesión se construye, dice mi padre, sólo se necesita un acontecimiento que nos altere drásticamente la vida. Un acontecimiento o una persona, dice mi padre, de los que no podamos discernir si nos ha cambiado la vida para bien o para mal. La estructura de uuna paradoja, dice Steve, un acontecimiento doble o vacilante en su ser. Nos marca, pero es moralmente ambiguo. La gente se mueve hacia el futuro, descentrada, sin orientación, fuera del camino en el que se movió en el pasado. Una amputación, dice mi padre, del sentido de la orientación. La obsesión nos hace perder el sentido del tiempo, uno confunde el pasado con el remordimiento.")

27.12.09. El amor argentino. Guillermo Saccomanno. ("A mí me habían matado las ganas de vivir en el 55. En el bombardeo de Plaza de Mayo.")

30.12.09. La Hierba Roja. Boris Vian. ("Mire señor Brul, mi punto de vista es simple: mientras exista un lugar en el que haya aire, sol y hierba, tenemos la obligación de lamentar no estar allí, sobre todo si somos jóvenes.")

lunes, 28 de diciembre de 2009

1983.


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Una vez que pasamos los carteles gigantes de Coca Cola que dan la bienvenida a Mar del Plata, mis viejos decidieron hacer un alto en una fonda cerca de la ruta para festejar año nuevo. Era 31 de diciembre de 1983, ya casi a medianoche, y no sé si llegamos a comer antes de que sonaran las doce. Mucho no recuerdo de esa noche. Pero en un momento descubrí cómo se podía hacer sonido con una botella de Crush. El espíritu festivo hizo estragos; me acuerdo de unos tipos parados en una mesa descolgando unas cacerolas para golpear; me acuerdo de mi papá enseñándome cómo raspar la acanaladura de la botella para que suene, imitando al hombre que había visto antes. Mucha alegría había en ese lugar, y creo que en un momento hasta pensé que eran todos amigos. Después, al grito de: “El que no salta es militar”, vi a ese tumulto levantarse en el aire al unísono, casi acompasados; o así es como elijo recordarlo. Todos los fin de año recuerdo ese festejo, más allá de que la importancia del hecho pude vislumbrarla mucho tiempo después. Y no puedo dejar de sentir nostalgia de esa alegría compartida.

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Click II

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Suena Lou Reed de fondo. La voz da la impresión de llenar el espacio vacío de ese bar semiabandonado, repleto de escombros. Es noche, Ciudad Vieja, Montevideo, invierno, cerca del puerto, creo. Entramos levantando la reja metálica. Los vidrios están rotos, y salto entre las piedras del mostrador demolido para entrar en calor. Subimos por una escalera de albañil hasta un entrepiso, en donde se improvisó una mesita con un carril de cables. A los costados, libros apilados; en la mesa una copa con vino. Me confundo y no sé si fue esa vez que nos quedamos sentados en la puerta, esperando a que salga el colectivo de la terminal de enfrente, hablando de The Devils. Hoy veo la foto y siento que el recuerdo no me pertenece. Como si se le hubiesen ido las palabras y yo quedara extranjero, fuera de esa lógica. La foto me muestra, pero no me habla. O tal vez es que ya no entiendo su idioma.

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Influencias.

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Una chica se acerca a la profesora, feliz, la alumna, de haber terminado la escuela nocturna. La profesora la abraza, la felicita, se le llena la boca de palabras dulces. Ante la pregunta de qué vas a hacer ahora, la chica responde que profesorado de lengua y literatura. Extasiada, la profesora le dice, mientras la chica se aleja, te va a ir muy bien, querida. Cuando la alumna cruza la puerta la miro a la profesora, sonriéndole. Con una mueca bastante desagradable, me susurra: ojalá, pobrecita.

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jueves, 17 de diciembre de 2009

Barthesbols.


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Mi abuela, en su demencia senil de ochenta años, además de salir por el barrio pidiendo comida, envolvía sus botellas de agua caliente con los apuntes de Barthes de mi prima.
El grado cero de la escritura o fragmentos de un discurso amoroso recubriendo la botella de ginebra Bols. Al pie de la cama, Roland, al fin en paz.


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martes, 15 de diciembre de 2009

Nueva Literatura Argentina III

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Esta es la historia de cinco personas que se relacionan.
Un obrero, un camarógrafo, una mujer rica, un arqueólogo y un remisero.
Una vez un hombre trabajaba en la "PLaza del Ema". Cavaba, cavaba y cavaba hasta que encontró huesos, supuestamente fósiles de dinosaurio. Y la gente de la plaza llamó a los camarógrafos. El camarógrafo hablaba con el obrero y le dio el número de teléfono de un arqueólogo famoso. El obrero, que por cierto se llamaba Homero, llamó al arqueólogo. Mientras hablaban, el camarógrafo se preocupaba porque en el pasado la mujer lo estaba engañando con un remisero y él mató a la mujer y al remisero y enterró el cuerpo del remisero en la "placita del Ema". Antes de matar a la mujer el camarógrafo, llamado Eric, le pidió que le deje todas sus posesiones valiosas, mientras que llegaba el arqueólogo de su último descubrimiento en la ruinas de "Machu Pichu". Cuando llegó, el arqueólogo descubrió que no eran huesos de dinosaurio sino un cadáver que había sido asesinado de dos tiros en la cabeza. Llegó el forense y la policía y descubrieron huellas digitales. El camarógrafo se asustó y se estaba yendo y un policía le pregunta si quería filmar la escena del crímen y dijo No! no puedo ahora, otro día será. El camarógrafo se fue del país, y nadie sabe adónde. Después de un día y cinco horas descubrieron que el asesino había sido el camarógrafo. Los policíoas hallanaron y revisaron la casa y en el sótano estaba enterrada la mujer...
Después de ocho años el camarógrafo Eric volvió a su país natal, ya que lo dejaron de buscar y aparte de eso había cambiado el nombre. Se llamaba "Hernán". El obrero después de descubrir los huesos de un remisero cambió su profesión a arqueólogo y junto a "Benjamín" recorrieron el mundo, buscando aventuras que encontrar, y, por supuesto, fósiles. Después de tanto tiempo ya nadie hablaba del remisero y la dama rica, y la placita del Ema se convirtió en un famoso hotel cinco estrellas. El camarógrafo buscó empleo en el hotel y ahora está trabajando de recepcionista. El ex obrero Homero descubrió junto a Benjamín un fósil de Tiranosaurio Rex en el Brasil. El ex camarógrafo quería volver a ser camarógrafo, y antes de volver a la Argentina Hernán, o Eric, había hecho un documental y ganó mucha plata. Del país ese donde había grabado el documental lo nominaron al mejor documental del mundo. Luego le propusieron contrato por cinco años y él aceptó. Volvió a ser camarógrafo, filmaba documentales de animales y siguió su camino...

- Bueno, yo soy Hernán, antes llamado Eric. La historia que les voy a contar transcurre en Buenos Aires, en 1984. Sucede que mi esposa me traicionaba con un remisero y no tuve otra opción más que matarlos. Después de tres años encontraron los cuerpos en la placita del Ema y yo por miedo de que me encierren me escapé del país a... no lo voy a decir por miedo de que me vengan a buscar. Después de eso tuve muchas profesiones como corredor olímpico, cantante, copiloto de avión y mi profesión favorita: camarógrafo. Hice un documental sobre la discriminación por ejemplo a los gordos, los flacos, a los altos, a los bajos y a los que tienen defectos fisicos. Después de tanto tiempo, con la plata que gané por el documental volví a Buenos Aires y busqué empleo en el hotel cinco estrellas. A ese hotel lo inauguraron meses después del descubrimiento de los cuerpos. Me dieron el trabajo de recepcionista y estoy feliz y triste. Feliz porque volví a Buenos Aires y triste porque perdí al amor de mi vida. Bueno, esto quedó en el pasado y hoy estoy en el presente. Por cierto, mi esposa era re hermosa.

Sergio. ESB N° 332.
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martes, 1 de diciembre de 2009

Nueva Literatura Argentina II

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Estábamos en el colegio EEM N°24 en Ingeniero Budge el día veintiseis de noviembre, a punto de hace un exámen de Lengua. De repente el profesor se empezó a sentir mal. Se descompuso, entraba y salía del aula, iba y venía del baño. El decía que estaba embarazado, que estaba por parir. Se desmayó y llamamos a la ambulancia, estábamos muy nerviosos porque no sabíamos ni entendíamos lo que estaba pasando.
Llegó la ambulancia y se lo llevó, después de dos horas él despertó, pero no sabía en dónde estaba, no estaba ni en el establecimiento, ni en su casa ni en el hospital. Estaba en un lugar oscuro, sucio, un lugar muy raro; él quería salir de ese lugar, buscaba la salida pero no la encontraba, era un lugar completamente cerrado, muy oscuro. El se sentía bien a pesar de que tenía una panza muy grande, se puso muy nervioso y empezó a gritar y a caminar de un lado para otro.
Dos horas después se empezó a sentir mal nuevamente, empezó a transpirar mucho, le empezó a doler la panza y la panza se movía de un lado para otro como si fuera que le iba a salir algo muy grande de adentro. De repente le empezó a crecer mucho la espalda hasta que le salieron dos alas gigantes y la panza le crecía cada vez más. Todo el cuerpo se le empezó a poner de color rojo y sus ojos de color bien verde. Se empezó a asustar mucho, y a crecer. Después de un buen rato se le reventó la panza y él salió volando, cuando empezó a crecer rompió el techo del lugar, y salió volando. Se había convertido en un pájaro rojo gigante con ojos bien verdes.
Y así siguió su vida como pájaro; al principio le pareció muy extraño, pero al pasar el tiempo se acostumbró a su vida de pájaro.

Jacqueline.
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jueves, 19 de noviembre de 2009

Nueva Literatura Argentina.

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Hernán y los dos tontos hermanos.

En mardelplata hay dos tontos y uno inteligente llamado Hernán es un tipo muy especial tenía dos hermanos llamados Lucas y Leonardo eran tan tontos que en vez de usar platos usan vasos y son tan tontos que Hernán se empezó a reírse de ellos y a él le gustaba leer mucho los libros de suspenso y terror que un día (ilegible) a algo al hermano Lucas y a Leonardo se pegaron unos a otros y hasta que Lucas le tiró el libro de Hernán por la ventana y Hernán dijo son tan tontos que les pasará algo que se arrepentirán de tirar este libro tan especial para mí que toda mi vida y ellos desaparecieron, que se alegró Hernán de haber dicho eso y una vez se encontró con su hermano Leonardo era un borracho tan tonto y Hernán se puso a pensar y se reunió de nuevo con todos los (¿gomas?).

Marcelo, 1ro C.
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domingo, 8 de noviembre de 2009

Click.


Hoy, después de varios meses, veo esta foto del viaje a Chile. Ya pasada la primera sensacion que me hacía recordar el momento en todos los detalles, ahora se me apareció diferente. Imaginé una ficción apocalíptica: yo anuncio el desastre, ella se asusta y él la consuela.
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lunes, 26 de octubre de 2009

Primer paso para un microemprendimiento.

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Hace unos días, al subir al subte en la estación Los Incas, me senté al lado de un tipo con facha sportiva (zapatillas aparatosas, jogging y chomba blanca) que leía unas fotocopias con un entusiasmo feroz, arrimando todo el cuerpo a la hoja. Me puse los anteojos y pispié un epígrafe:
“Es mejor pedir perdón después de hecho, que pedir permiso antes de hacerlo”
Y pensé que así, tranquilamente, con ese primer paso para un microemprendimiento, uno puede cagarle la vida a alguien sin agregarse culpas. Haciéndose el boludo, digamos.
El título decía: Curso de gestión y marketing para programas y clubes de tenis.

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Un hombre bueno es difícil de encontrar.




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"Habría sido una buena mujer -dijo el Desequilibrado- si hubiera tenido a alguien cerca que le disparara cada minuto de su vida."


Flannery O´Connor.


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jueves, 3 de septiembre de 2009

Música.

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Estábamos analizando la letra de una canción y, de repente, nos encontramos hablando sobre aquellas cosas que una vez vistas se nos quedan pegadas para siempre. Algunos hablaron de la cara de los muertos, de cómo esa imagen persigue y persigue sin tregua, hasta que algún día se va. Pero siempre con la amenaza de reaparecer. El que estaba sentado cerca de la ventana, -un pibe de veintipico, barrendero, que se pasa todo el tiempo de la clase cantándome canciones de Los Redondos para que se las interprete- levantó la mano y dijo que él se vuelve loco, se desespera, se angustia, cada vez que le tocan los talones. Todos nos quedamos mirándolo, esperando que explique ese misterio. “Yo estuve en Cromañón, ¿vió?”, dijo, y a mí se me desencajó la cara. En la corrida violenta hacia la salida, él sentía cómo la gente, desde el piso, le agarraba los talones, pidiéndole ayuda. Todavía ahora, nos contó, cuando se va a dormir, siente terror de que una mano lo agarre por debajo de la sábana.
Después del silencio, se rió. Y me preguntó qué pensaba que era el "Perro dinamita".

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lunes, 24 de agosto de 2009

Iluminaciones II.

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"Usted no tiene sentido del humor. Lo queremos hacer reír y sigue con la Metáfora. ¿Tantos años estudió para no reirse?"

Y, 17 años.
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Iluminaciones.

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"Profesor, no me trate bien; que me va a hacer llorar. Tráteme mal. Por favor"

J., 14 años.
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miércoles, 12 de agosto de 2009

Parqué.

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Espero a mi tía en el primer piso de El Gato Negro, sector fumadores. No hay nadie, y me siento en una mesita, de cara a Corrientes. Va a llegar tarde, me avisa, mi tía. Y espero un poco más, total hace más de diez años que no la veo. Estoy ansioso, muy, por comenzar a hacer evaluaciones: cómo es su cara ahora, si habla como la recuerdo, si podré regenerar el vínculo. Mientras me fumo esa ansiedad de cara a Corrientes escucho un ruido extraño, muy cerca. Giro y veo a un tipo de rodillas, en el parqué, tirando hacia fuera las maderas. Está arrancando el parqué, sí, y metiendo la mano en el agujero. Se da vuelta y es Guillermo Franchella, que me quema, al mirarme, con esos ojos tan desencajados que tiene. Me hago el boludo y miro de nuevo hacia el ventanal. Lo sigo escuchando mientras arranca maderitas y mete la mano. Algo se le habrá perdido, que tan desesperado busca. Al rato se levanta y se va.
Llega mi tía, espléndida, y, a pesar de las trabas que exige la cordialidad, arremetemos en nuestras vidas. Después de un largo rato, yo soy el que mete mano en el pozo, arrancadas ya de una vez esas superficies que nos tapan, y busco imágenes trascendentes que puedan ligarnos aun más. Recordamos que nos vimos por última vez a causa de una muerte, y nos callamos un rato, buscándole al hecho una magnitud que tal vez ya no tiene. Entonces saco del fondo, iluminado, una tarde, y nos reímos. Cuando nos levantamos para irnos le muestro el agujero y le cuento lo de Franchella. Ella me dice que sí, que lo vio abajo, cuando llegaba, preguntando si alguien había encontrado, de casualidad, su celular. Me disgusta la sensación de pérdida del misterio. La realidad siempre resulta ser más trivial, económica.

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martes, 11 de agosto de 2009

El Chip.

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En el tren, domingo por la mañana, César chistea, de improviso, al señor que vende chips para celulares. Me asombro durante la transacción, tan desmedida me parece. Mientras lo guarda le pregunto si su celular está roto. Pero no, me cuenta que no sabe cuándo, pero que se va lejos. Tampoco sabe dónde. El chip es para cambiarlo apenas salga, para que nadie lo ubique. Incomunicación "casi" total, le digo, sonriendo. Pero esquiva mis preguntas, como si fuera a delatarlo. Va tras la ilusión de fuga, o de una regeneración en ausencia. Le tiro algunos lugares, pero como se muestra molesto de haber sacado el tema, me callo. Seguimos viaje, la mañana fría me hace arder los ojos. Yo me planto en algún recuerdo que no me hace bien y me sacudo, breve, mientras él mira por la ventanilla. Al llegar a Lomas lo saludo, y le deseo buen viaje.
A la semana lo cruzo, los dos pasando el molinete del subte. Todavía no sacó pasaje. Y el chip del celular no le funciona.

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jueves, 6 de agosto de 2009

La Era del Vacío.

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El deseo de expresarse sea cual fuere el mensaje, el derecho y el placer narcisista a expresarse para nada, para sí mismo. Comunicar por comunicar, expresarse sin otro objetivo que el mero expresar y ser leído por un micropúblico, el narcisismo descubre aquí como en otras partes su lógica del vacío.Un individuo libre es móvil, sin contornos asignables; su existencia está condenada a la indeterminación y a la contradicción.
Si el sujeto ha perdido su capacidad de extender activamente sus pro-tensiones y sus re-tensiones en las diversas dimensiones temporales, y de organizar su pasado y su futuro en forma de experiencia coherente, se hace muy dificil pensar que sus producciones culturales puedan ser otra cosa que montones de fragmentos y una practica de la heterogeneo y lo fragmentario al azar.

Sonría si no tiene nada que decir, sobre todo no oculte que no tiene nada que decir, o que los demas le son indiferentes. Deje transparentar espontaneamente ese vacío, esa indiferencia profunda en su sonrisa, regale a los demas ese vacío y esa indiferencia, ilumine su rostro con el grado cero de la alegría y el placer, sonría, sonría... A falta de identidad, todos poseemos una maravillosa dentadura.


Lipovetsky.

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domingo, 2 de agosto de 2009

Íntimo.

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Ayer, en una lectura de manos, me dijeron que no estaba en mi destino haber nacido (a lo que yo me pregunto, si no hubiera nacido de qué destino estamos hablando, ¿no?). Por lo que entendí las marcas en la mano izquierda indican ese destino, y las de la mano derecha lo que nosotros hacemos con esa suerte grabada. Todas las marcas en mi mano izquierda muestran imposibilidades, cerrazones triangulares, jaulas. Pero la derecha muestra los trazos como tajo, decidida a pelearle a esa líneas contrarias que se abren, se cruzan y se disuelven. La naturaleza, supuestamente, me dicen, me parió intuitivo, y el devenir me retrajo a una racionalidad de escalpelo. Hay viajes, me proyectan, y un potencial artístico que nunca voy a "explotar". Peleo, me interpretan, contra ese vacío predestinado, me agarro a las patadas con lo que no debería ser, y parece que la suerte se tuerce en ese empecinamiento.
Alguna vez mi vieja me contó lo jodido de su embarazo, cómo decidió tenerme y cómo lo único importante al nacer era saber si era "sano". Y nací, acá estoy, con las marcas de esa duda en las manos. De repente se me aparece todo bajo la oscuridad de esa marca inicial, de esas líneas en cruz que hasta parecen avergonzadas y se pierden de a poco en la ferocidad de las otras, rectas, que no dudan en asimilarlas. Sencillamente, pienso en ese gran NO inimaginable que un extraño pronuncia al mirame la mano. Masturbación mental, lo sé.
Voy a tener una vida muy larga, concluye la lectura. Y me suena casi como un capricho dirigido a no sé qué: "¡Tomá, para vos que ni siquieras creías que iba a nacer!"

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viernes, 31 de julio de 2009

SMS II

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"Un viejo de 80 años me dijo en la calle, hola mamacita yo te amo mucho."

De: Cele
Recibido: LUN 16:58
20/07/09

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SMS

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"Hola primi, espero estés bien. Tuve un sueño medio feíto con vos. Tal vez quedé sugestionada por lo tuyo de ayer. Soñé que te morías pero seguías vivo (?) y hablabas conmigo en Sáenz. Yo le decía a la gente que estabas bien pero no me creían. Besote."

De: marisa2
Recibido: JUE 12:58
30/07/09

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sábado, 18 de julio de 2009

Lecturas.

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Leo en el blog de Martín el siguiente ejercicio:
1) Agarrás el libro que tenés más cerca.
2) Lo abrís en la página 161.
3) Buscás la 5º frase (completa).
4) Citás la frase en el blog.
5) Pasás el post a otros 5 blogs.

La Frase: "B) La fuga no es mi desaparición absoluta."

El Libro: Adiós a la calle, de Claudio Zeiger.

El que quiera, tómelo.

(Qué barbaridad, al agarrar el libro me doy cuenta de que dejé de leer, hoy, justo justito en la página 161. Ops! Lo inmediatamente anterior decía: "No me busques por dos motivos: a) No tiene sentido. b) la fuga no es mi desaparición absoluta. Regame las plantas. No te molestes en recoger los eventuales mensajes que puedan dejarme en el contestador ni en guardar los papeles tirados bajo la puerta".)

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viernes, 17 de julio de 2009

10 de Julio.

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El perro se quiere subir a la cama. Hinchapelotamente me lenguetea estirando el cogote hasta mi cara; intento echarlo, pero insiste. Se sube a dormir conmigo y ya somos 4: él, yo, y sus dos cachorros. El viento mueve la persiana que no pude abrir y que me dejó a oscuras, lo demás, todo, en silencio. Estar en un lugar desconocido y lejos, solo, me abisma: apenas cierro los ojos -el cuerpo todavía despierto- me veo repetido en geografías cotidianas. Yo soy el que está allá, pienso, yo pertenezco a esos lugares. La imagen se extiende y se demora en detalles: me pongo un guante sobre Díaz Vélez; camino por Acevedo esquivando el tacho con fuego del que cuida los autos; miro una remera a rayas en una vidriera iluminada sobre Chacabuco. Estoy en esos otros espacios pero sin cuerpo, anulando la ilusión de multiplicidad. Abro los ojos y siento a los perros que se pelean por el lugar, yo corro las piernas hacia un costado para que entren todos. Estoy acá, afirmo.
Juana lloriquea en la pieza de al lado. Hace unas horas Claudio, el padre, me dijo que ella ya comenzaba a reconocerme. A ella el espacio todavía no le significa nada, bien podría estar en Neuquén o Singapur; pero me reconoce. Entonces estoy acá, afirmo.

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lunes, 13 de julio de 2009

Las Luces.


La luz de la mañana, en el sur, trastorna los paisajes hacia lo metálico. Una vez que la nebulosa rosada, de la primerísima hora, desaparece -que tiñe las montañas y las ovejas, la ruta y los álamos- llega esa luz que lo enfría todo, en un gris pálido que paraliza la visión. El asfalto, las señalizaciones parecen fragmentos juxtapuestos, irreales e irreconocibles por esta luz que nunca vi antes. Recorrí este paisaje en verano, otoño y primavera. Pero ahora no lo reconozco. Estamos en invierno. Este espacio no me responde nada, no me habla, está quieto en su mudez de acero. Me asombra la sensación de novedad: recorro este paisaje por primera vez, aunque habiéndolo andado muchas veces antes, hasta haber creído poder reconocerlo. Me divierte esa burla porque me obliga a una nueva percepción, fuera del registro con el que lo pensaba. Con una simple variación de la luz lo que creía conocido se disipa, así de sencilla es la cuestión.

Pero después entramos en San Martín de los Andes y sé que puedo reconocer elementos mínimos, y ahí están. Retomo el diálogo; la mayoría de las cosas no han cambiado.


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viernes, 10 de julio de 2009

Obstinados.


Por la noche, llegando a Bahía Blanca, veo la silueta de un perro corriendo desesperado al micro. En la oscuridad, al costado de la ruta, un perro sigue un impulso a ciegas. Me acuerdo de los cuatro perros de la estación de Lomas, que desde hace años no se cansan de ladrarle al mismo tren. Pasan algunos minutos y vuelvo la vista hacia el mismo lugar: el perro sigue corriendo. Me sobresalto. Es imposible, me digo, y por un segundo siento terror. Pero no el terror de creerlo una aparición legendaria, de esas que saludan a los viajeros, sino terror al pensar en esa obstinación, tan fuera de todo límite. Qué habrá en este carro de luces que lo seduce y enoja hasta agotarse, qué promesa, qué amenaza. A qué quiere llegar, y hasta dónde es capaz de ir para tenerlo. Y ese correr indefinido, aparentemente inmotivado, me asusta en ese segundo. Corre por algo que no sabe lo que es, en una pura atracción del instinto.

Miro mejor: el perro es la forma que le dió mi mano al vapor pegado a la ventanilla. La noche era demasiado clara y fría y quise abrirme paso para mirar las formas oscuras de las sombras de los árboles, en un intento por aplacar mi propia carrera, repleta de promesas, de amenazas, dentro del carro con luces.

martes, 7 de julio de 2009

Los ángeles del Infierno.

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Celeste tuvo un mal día. Muy malo, demasiado perceptivo. Tan malo, que hasta me dejó hacer la comida. Agobiada se va a acostar, y yo me quedo viendo "Los ángeles del Infierno", de Howard Hugues, en la cinemateca de canal 7. Los actores, de tan idiotas, me cansan y decido irme a dormir. Pero doy vueltas en la cama, atado todavía a esa madeja que enredamos junto a las milanesas. Circunscribimos la experiencia a tres o cuatro conceptos, como para embutirla en algo que nos tranquilice, provisoriamente.
Pasan las horas y no me duermo, y en el momento en que giro el cuerpo hacia la cama de ella la veo sentada, mirándome, con una sonrisa que le ocupa toda la cara. Es sonámbula, ya lo sabía. "¿De qué te reís?", le pregunto. "De eso", responde, todavía mirándome. "¿De qué?", intento averiguar. "De ESO", me repite, enfatizando lo que no nombra. Entonces larga una carcajada, y se tira como peso muerto en la cama, nuevamente. Yo me río, y a los minutos me quedo dormido.

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